Marina y Marc son el claro ejemplo de que se puede hablar sin palabras porque hay miradas que hablan. Pero en su boda, además de miradas cómplices entre los dos, también hubo palabras de las que dejan huella. En una bonita ceremonia al aire libre en los jardines de La Roureda, Marina y Marc se prometieron una vida repleta de momentos únicos, hablando cuando sean necesarias las palabras y compartiendo silencios cuando no lo sean. Una vida entera para descubrirla juntos.